sábado, 30 de octubre de 2010

Al otro lado del bosque, el castillo de Pierrefonds...

El día post vuelta de París, tras unas 10 horas de sueño reparador, fue un día tranquilo: cocinando, poniendo lavadoras, afeitándome... Pero para variar, acabó de una manera un poco "agitada", porque me tocó salir a las 11 y pico de la noche a buscar a una de las compañeras que había perdido el último tren para volver a Compiègne desde Paris. Al final no tuve que ir hasta la ciudad de la luz, pero sí hacerme un viaje de cerca de una horita de ida y otra de vuelta para llegar a Creil, a unos 50 km de Compiègne. Así que entre pitos y flautas, dormí poco...
Para comenzar el viernes, un brunch con crêpes, que me salieron bastantes ricas (hay que adaptarse a la cocina del país). Y como hacia bueno, Anna y yo decidimos coger nuestras bici e irnos a Pierrefonds, una ciudad situada al otro lado del bosque...


 
A la mitad del camino de ida, nos topamos con el encantador pueblecito de St Jean aux Bois, que está en medio del bosque. Es muy chiquitito, y parece un pueblo fantasma porque apenas hay gente. Empiezo a entender porque tras la Revolución se decidió llamar a la ciudad "La Solitude" (La soledad) y a sus habitantes "los solitarios". En la ciudad hay un pequeño monasterio qe visitamos. No hay absolutamente nadie, solo silencio; el lugar invita a la reflexión, a cerrar los ojos y respirar profundamente...

        

 
Aquí son de los que ponen el Belén, y no lo quitan en todo el año, como mi abuela
Retomamos el camino, y después de una hora, por fin llegamos a Pierrefonds. El cielo está totalmente gris y la rodilla izquiera me duele bastante. Pero no importa, porque la ciudad, bastante maja, y el castillo, merecen la pena. El castillo en realidad es una reconstrucción hecha por Viollet-le-Duc en el siglo XIX del antiguo castillo de los duques de Orleans, que estaba en ruinas... Y aunque en teoría es del XIX, tiene algunos toques raros, que hacen que se va que es muy "fin de siècle".





A eso de las cuatro y media, decidimos volver a Compiègne que no queremos que se nos haga de noche en el bosque. Resultado: 26 kilómetros de paseo en bici, una rodilla dolorida y el recuerdo de un dia uuy agradable.
Los árboles del internado a la vuelta del paseo

viernes, 29 de octubre de 2010

La respuesta era la "a)": 5 días en París

Sandra mediante (y ausente también), he aprovechado para pasar unos días de mis vacaciones de la Toussaint (Todos los Santos, solo que aquí los colegios en lugar de un día de fiestas tienen unas vacaciones de una semana y media) . Todo comenzó un sábado de octubre...

Sábado 23

Atasco en Boulevard Periphérique. Dos de dos: dos veces en mi vida lo he cogido, dos veces astascadísimo. Empiezo a odiarlo. Pero bueno, llego sano y salvo a Vanves, que es lo que importa. :) No me gustan los mensajes que estoy viendo en mi Facebook, pero no pasa nada. Spanish dinner con tortilla de patatas, que no es porque la hiciera yo, pero estaba muy buena, y salida por el Marais, en un bar de lesbianas mal educadas y en otro con camareros mal educados donde al parecer todo el mundo quería ligar contigo... Para acabar la noche, sorpresa: conocemos a unos chicos de Guadalajara, que estarán presentes durante el resto de mis vacaciones. La manera de conocerlos me la ahorro, por si acaso la interesada llega a leer el blog... :-) Resultado: cogemos el primer metro para llegar a casa, me acuesto casi a las 7 de la mañana...

Domingo 24

Sandra se queda en casa. Tiene que preparar la maleta, que el lunes va a Barcelona, así que disfruto del día a mi aire: Saint Chapelle, un poco de lluvia, y un poco de Louvre.




El Louvre es inmensísisisisisisismo. Asusta. Impone. Acongoja. Imagino que hasta puede llegar a aburrir. Pero cuando pasas poco más de una hora en un museo de 210000m3 con una 35000 obras expuestas en compañía de unos chicos majos que acabas de conocer el día de antes, y te vas sin ver el 99,9% de las cosas expuestas, eso no pasa. Ya volveré, que para eso me sale gratis. De todas formas, la Gioconda es un chasco. Enana y llena de gente. ¿Por qué será tan famosa? Paseo por las orillas del Sena para acabar en las iglesias de Saint Germain des Près (la más vieja de París) y del Saint Sulpice (que al parecer sale en El Código da Vinci). Hora de la despedida, que he quedado con Sandra y un amigo suyo para ir a cenar... ¿Volveremos a vernos? Mientras espero a Sandra en Belleville, un barrio de esos que eufemísticamente se llaman "barrio popular y multicultural", me tomo un té normal y corriente por el cual me cobran la nada despreciable cifra de 4€. Aaaah, qué bonito París.

Lunes 25

El lunes, después de acercar a Sandra al aeropuerto, de nuevo a mi aire... Decido acercarme por el Barrio Latino, donde tras pasar por la Sorbona, acabo en el Panteón.

Hago la visita guiada, y me resulta bastante sorprendrente la historia del monumento... Básicamente, nació como monumento religioso para agradecer a Santa Geneviève la curación del rey Luis XV, pero con el devenir de la historia, fueron cambiando su uso, su decoración, etc, en función de las "necesidades gubernamentales", para acabar siendo un lugar donde descansas personalidades francesas importantes. Para conseguir dinero para su construcción, lo que hicieron fue subir el precio de la lotería, y con el extra, pagaron el ladrillo. ¡Hasta fue el lugar donde se hizo la demostración pública del péndulo de Foucault!
Mientras estoy en la cúpula, desde donde hay unas vistas increíbles, empieza a llover, pero finalmente se queda una tarde preciosa y voy al Jardín de Luxembourg, donde me siento un poquito a tomar el sol en sus famosas sillas antes de seguir callejeando por el barrio...



Después de una parada técnica para repostar y mucho andar por el barrio, pasando por las Arènes de Lutece (antiguo teatro romano) y el Instituto du Monde Arabe (con una fachada curiosa), acabo en la encantadora Place de Vosges. ¡Pero si ya es de noche!




Habrá que pensar el volver a casa, que estoy muerto, pero antes... Uy, me llaman:
- Oye, que... como el otro día casi ni te dejamos ver el Louvre, queríamos saber si te apetece venir con nosotros mañana a Versalles.
¡Ok!

Martes 25
Quedar con un español es tener que esperar, y esperar y esperar... Quedamos a la 11, pero no dan señales de vida hasta las doce y media, y al final, la visita la hacemos separados. Para aquel entonces, me ha dado tiempo a:
- enfadadarme con Versalles y con el mundo: hay colas por todas partes. Me tiro media hora en una para sacar el billete y luego resulta que no me hace falta porque tengo el carnet Pass Education y además para los jardines, que es lo que quiero ver, puedes entrar directamente.
- hacer un amago de volver a París: qué mierda esto de Versalles, seguro que los jardines no son para tanto,  mejor me voy a París y aprovehar a ver Fonatinebleau... bueno, aunque ya que he venido... y Fontainebleau está cerrado... Venga, voy a comerme un sandwich, y vuelvo al ruedo.
- reconciliarme de nuevo: para entrar en los jardines no hace falta esperar colas y colas, y de qe no son para tanto, nada de nada: había olvidado de los "Dominios de María Antonieta", una parte del Palacio menos frecuentada pero igualmente interesante. Después de andar una media hora, descubro lugares curiosos, solitarios, extraños, bellos...




... y gente extraña:
Hallábame yo delante de una fuente, paseando por los jardines del Grand Trianon, cuando de repente, se me acerca un hombre (en francés):
- Perdona... ¿podrías hacernos una foto?
- Sí, claro.
Entonces, el hombre, antes de colocarse con su novia, empieza a darme miles de instrucciones: que salgo más o menos este trozo de cielo, y este trozo de suelo, y nosotros más o menos aquí, y la fuente no sé cómo... Yo empiezo a mosquearme un poco, pero bueno, sonrío. El hombre se va con la mujer, se sientan al borde de la fuente y posan. Todo normal. Hago las primeras fotos (varias, porque no sé si aciertaré) y el hombre vuelve:
- A ver, voy a ver las fotos. Mmmm... Están bien, sí, ¿te importanta tomarnos otras? Así, en otra posición. Pero toma muchas, todo el rato, ¿vale?
- Mmmm... Ok, ok.
El hombre vuelve con la mujer, se arrejuntan y comienzan a besarse. El hombre comienza a levantarle la falda a la mujer, y la mujer se hace un poco la tontina, pero se la ve que está tan contenta. ¡Vaya un graciosillo! El hombre sigue subiendo la falda (a todo esto, yo sigo haciendo fotos), pero de repente veo que ya está completamente subida y que digamos que la mujer está mostrando sus cosas íntimas... (como diría alguno, "la tía no lleva bragas y se le ve tol coño"). El hombre empieza a tocarlo, y a decirme "¿Se ve bien, se ve bien, está iluminado? Yo me quedo flipando, ¿dónde está la cámara oculta? El hombre lo debe notar en mi cara:
- Ay, disculpa, te debes estar sintiendo muy incómodo... Disculpa... (A todo esto yo sigo haciendo fotos).
- No, no, no te preocupes... Pero es la última.
El hombre vuelve a ver las fotos y al pasarlas, descubro que tiene la cámara llena de fotos con poses comprometidas de la señora en Versalles...
- Oh, muchas gracias... No todo el mundo accede a estas cosas...
Me digo a mi mismo que quizá de haberlo sabido, yo tampoco... El señor parece no haber tenido suficiente y vuelve a la carga, con una sonrisa inquietante...
 -Bueno, y dime... ¿qué podríamos hacer para agradecertelo...?
¿Eh?¿ Me está proponiendo algo el tío guarro?
- No, mira. Una palabra vale: gracias.
El hombre, un poco chafado, me lo agradece, y me marcho un poco trastornado por el encuentro...

¡Es hora de volver a París! Daniel, un chico medio francés medio español que conoci el foro de Spaniards y con el que quizá vaya al concierto de Marina en París me ha propuesto quedar. En la Nuit Blanche no pudo ser, ni las veces anteriores tampoco. Esta por fin, sí. A la salida del metro Odéon me encuentro un chico encantador, amabílisimo y jovencísimo. Me lleva con sus amigos, y descubro que está muy metido en rollos de política y de sindicatos. En ese momento, me siento viejo: él tiene 18, y estoy rodeado de sus amigos, que tienen la misma edad. La sensación es horrible. Me siento una mezcla de Norma Desmond y Blanche Dubois. Los amigos se van, y nosotros vamos a cenar crêpes. Sigue siendo encantador. Los españoles, que había estado perdidos, dan señales de vida:
- ¿Quedamos a la 9.30 en el Hôtel de Ville?
- Perfecto, que es vuestra última noche en París. Llevo un "amigo" parisino, pero no os preocupéis, que habla español a la perfección.

Salimos por el Marais de nuevo, a la misma discoteca donde el sábado conocí a los chicos de Madrid. Es como que todo acaba igual que empezó. En la discoteca hay un tío duchándose delante de todo el mundo... Mi recién conocido amigo se encuentra con un hombre, que resulta que es profesor en su universidad. Ese hombre me pregunta al decirle que soy de Madrid si conozco a un tal Pedro, a lo cual respondo que Madrid tiene más de 4 millones de habitantes, y no conozco a todos. Entonces deja de hablarme. Después de una noche tranquila, de sentimientos encontrados, el señor profesor viene a despedirse, y de repente, al girar la cabeza, veo que está besándose con Daniel... En 2 minutos el señor se marcha y seguimos extrañamente como si nada hubiera pasado. El bar empieza a vaciarse, y decidimos irnos. Son las 4 y media de la mañana. París la nuit. No hay nadie. A las 5 abre el metro, así que nos paseamos para hacer tiempo... Son las cinco, entramos; me despido de todos, espero que volvamos a vernos. Llego al andén, y me siento. No hay absolutamente nadie. Normal, mi metro no pasa hasta dentro de cincuenta minutos, tiempo suficiente para mear y después ponerme a pensar en todo lo que ha pasado, a darle vueltas y empezar a hacer silogismos, a mezclar premisas y proposiciones inútilmente, ya que ni con tautologías consigo cambiar las conclusiones... Norma...
Quiero llegar, quiero llegar, quiero llegar, y meterme en la cama, pero sobre todo, que nadie me vea..

Miércoles 27

Me levanto de bajón, quizá por eso de no haber dormido apenas, unido al hecho de llevar cuatro días sin parar de andar, en una casa que no es la tuya y en una ciudad en la que en realidad no conoces a nadie. Pienso en volverme a Compiègne directamente... Pero a medida que avanza la mañana, el día mejora, y no solo animicamente, sino también meteorológicamente. ¿Voy a Fontainebleau o me quedo en París? Fontainebleau me da un poco de pereza, pero... mientras llevo las cosas al coche, una de las compañeras de casa de Sandra dice que si voy a Fontainebleau, ella se anima... Let's go, movin' on, no sin antes encontrarme un regalo en el parabrisas del coche: una multita por estacionamiento al precio de 11€, una cifra del todo razonable si tenemos en cuenta que he dejado el coche 5 días aparcado por la cara en zona azul. Llegamos al Palacio a las 15.45h y cierra a las 17h. Sí, es cierto, ha sido todo un poco "último minuto", pero al final es más que suficiente para ver el palacio y disfrutar de sus jardines...





Genieviève, que viene de Canadá, y yo intercambiamos preocupaciones, sensaciones, ideas, y al final me doy cuenta de que todo el mundo que se va a vivir fuera tiene las misma preocupaciones. Empieza a anochecer y volvemos para París, no sin antes disfrutar de otros de los atascos del Boulevard Peripherique.
A eso de las ocho y media dejo Vanves... Conduzco hacia Cmpiègne de noche y muerto de sueño. Casi me voy quedado frito al volante, así que cojo el peaje para acortar. 3.20€. Mientras conduzco, veo mi primer animal "salvaje" del bosque: un zorro que cruza la carretera. LLego al internado. No hay nadie. Estoy absolutamente solo. La sensación es horrible, entristecedora. Todo el mundo está de vacaciones... O eso creo yo. A la media hora de estar aquí, aparece Louise.Yo tengo ganas de contarle a alguien todas la aventuras, pero se tiene que ir a dormir porque al día siguiente se debe levantar a las 4.45. Por lo menos, no estoy solo: algo es algo. Me preparo una cena rápida con un té y me meto en la cama, sin ni siquiera lavarme los dientes, y dejo que el sueño purifique y ordene un poco mi maltrecha mente..

miércoles, 27 de octubre de 2010

Adivina, adivinanza...

¿Dónde está pasando el autor partes de sus vacaciones de la Toussaint, de las que próximamente os hablará, en vista de las siguientes fotos?



a) Pues en París, claro. Es que en París se encuentra uno de to...
b) Al final lo de París no pudo ser, y se ha ido a visitar Normandía y sus verdes praos llenos de bichos pastando.
c) No se ha ido de vacaciones y se ha quedado tan tranquilo y relajado en Compiègne, donde uno se puede encontrar además de bosques y caballos, estas delicadas estampas.