Últimamente, varias personas me han preguntado por qué hace mucho que no escribo. Pues la cosa está bien claro: yo también he puesto el cartel de de rebajas. Así que, por poner un ejemplo, si habitualmente escribo dos veces por semana, ahora, con la etiqueta rojas del 50% que cuelga del blog (aunque no la veáis), me temo que será una.
No, es broma. Pero lo que sí es cierto es que desde la vuelta estoy en una especie de punto de inflexión. Por un lado, todo se estabiliza un poco, y el frenesí causado por la novedad de los primeros meses muda en una placentera y animada “rutina”. Rutina entre comillas, porque nunca, nunca, nunca podría calificar mi vida como monótona o aburrida; pero a fuerza de vivir en esta burguesa y tranquila ciudad, nos hemos vuelto un poco así, y siento que tengo menos cosas interesantes que contar. Por favor, que quede claro: no me aburro, estoy muy feliz, y sigo haciendo montones de cosas. Que ya veo a algunos diciendo “Dani va mal, se aburre, está triste...” ¡NO! Es simplemente que el factor novedad ya no está tan presente, pero es totalmente normal. Sigo yendo a la piscina, a comer o cenar en restaurantes (como la semana pasada, que tocó indio), entrando y saliendo a todas horas y paseando por el bosque, algo que nunca dejará de sorprenderme. El domingo pasado, aprovechando la visita de una amiga de Pia, dimos un buen paseo hasta llegar a las ruinas galo-romanas de Champlieu. Y creedme, que el sitio es mágico, especialmente en la bruma. ¡Qué bien hice tayendo el coche! Sino, estaría obligado a visitar siempre la misma zona del bosque.
Por otro lado, el ecuador de la aventura se acerca. Esto me hace plantearme muchas preguntas, pero para la mayoría no tengo aún la respuesta. Algunos ya hasta empiezan a hablar de su marcha, aunque está esté todavía lejana, y no me gusta la idea, me da la impresión de que estamos en el principio del fin, más teniendo en cuenta el cariño que estoy cogiendo a mis alumnos... Y luego están los dos que sí se marchan pronto, en menos de dos semanas, y eso sí que me da mucha pena.
Sino, y tras este momento reflexión de saldo, quiero mandar otro mensaje tranquilizador a todo el universo: ¡sí, he comprado cosas en la rebajas! Y aunque no pudo ser en París, a pesar de que me pasé todo el martes 18 de arriba para abajo para acabar asqueado girando etiquetas entre los brillos de Galerías Lafayette y Le Printemps (que por cierto, qué mania de poner la ropa de los hombres en otro edificio), el milagro ha sido aquí, en Compiègne. Dos jerseys y una camisa en 15 minutos, con la ayuda de mi personal shopper Julie, y unos zapatos. También me he comprado una máquina para afeitar la barba... Ah, claaaaaro, ¡y cómo olvidar la máquina de yogures! Jajajajaja. Pero bueno, sea como sea, ¿no me digáis que no queda hiper-mega-guay eso de decir “he ido a París de rebajas”?
Por otro lado, esta semana hemos tenido el festival Télérama. Télérama es una revista de cine francesa que anualmente organiza un festival en todos los cines de Francia donde se proyectan las películas que más les han gustado a sus lectores cada año. No esperéis ver pelis de acción ni nada por estilo, eso sí. Así que, como poder ir al cine en Francia por 3 euros sí que son rebajas, hemos aprovechado pero bien hasta hartarnos: cuatro películas en cuatro días, a una por día: Another year, El secreto de sus ojos, Tournée y Des hommes et de dieux. He decir que ninguna de las pellículas me ha llenado especialmente, pero ha merecido la pena de todas formas. Sobre todo el hecho de encontarme a medio equipo docente en el cine. Porque sí, queridos lectores, Compiègne es así: como un pueblo. Así que vas encontrando gente por todas partes: que vas a la piscina, te encuentras a uno de tus alumnos en slip o a una profersora de uno de los colegios; que vas al cine, más de los mismo, sino varios; que coges el bus, corres el riesgo de que varios de tus alumnos te griten un ¡HOLA! por sorpresa; que vas a tomar un té, cómo no, un profesor en el salón de té; que vas a Carrefour, el lunes tendrás a un alumno diciéndote que te vio el sábado comprando yogures y champú. A mi me parece muy entrañable, ¿no?


