viernes, 28 de enero de 2011

Mi vida está de rebajas


Últimamente, varias personas me han preguntado por qué hace mucho que no escribo. Pues la cosa está bien claro: yo también he puesto el cartel de de rebajas. Así que, por poner un ejemplo, si habitualmente escribo dos veces por semana, ahora, con la etiqueta rojas del 50% que cuelga del blog (aunque no la veáis), me temo que será una.


No, es broma. Pero lo que sí es cierto es que desde la vuelta estoy en una especie de punto de inflexión. Por un lado, todo se estabiliza un poco, y el frenesí causado por la novedad de los primeros meses muda en una placentera y animada “rutina”. Rutina entre comillas, porque nunca, nunca, nunca podría calificar mi vida como monótona o aburrida; pero a fuerza de vivir en esta burguesa y tranquila ciudad, nos hemos vuelto un poco así, y siento que tengo menos cosas interesantes que contar. Por favor, que quede claro: no me aburro, estoy muy feliz, y sigo haciendo montones de cosas. Que ya veo a algunos diciendo “Dani va mal, se aburre, está triste...” ¡NO! Es simplemente que el factor novedad ya no está tan presente, pero es totalmente normal. Sigo yendo a la piscina, a comer o cenar en restaurantes (como la semana pasada, que tocó indio), entrando y saliendo a todas horas y paseando por el bosque, algo que nunca dejará de sorprenderme. El domingo pasado, aprovechando la visita de una amiga de Pia, dimos un buen paseo hasta llegar a las ruinas galo-romanas de Champlieu. Y creedme, que el sitio es mágico, especialmente en la bruma. ¡Qué bien hice tayendo el coche! Sino, estaría obligado a visitar siempre la misma zona del bosque.


Por otro lado, el ecuador de la aventura se acerca. Esto me hace plantearme muchas preguntas, pero para la mayoría no tengo aún la respuesta. Algunos ya hasta empiezan a hablar de su marcha, aunque está esté todavía lejana, y no me gusta la idea, me da la impresión de que estamos en el principio del fin, más teniendo en cuenta el cariño que estoy cogiendo a mis alumnos... Y luego están los dos que sí se marchan pronto, en menos de dos semanas, y eso sí que me da mucha pena.

Sino, y tras este momento reflexión de saldo, quiero mandar otro mensaje tranquilizador a todo el universo: ¡sí, he comprado cosas en la rebajas! Y aunque no pudo ser en París, a pesar de que me pasé todo el martes 18 de arriba para abajo para acabar asqueado girando etiquetas entre los brillos de Galerías Lafayette y Le Printemps (que por cierto, qué mania de poner la ropa de los hombres en otro edificio), el milagro ha sido aquí, en Compiègne. Dos jerseys y una camisa en 15 minutos, con la ayuda de mi personal shopper Julie, y unos zapatos. También me he comprado una máquina para afeitar la barba... Ah, claaaaaro, ¡y cómo olvidar la máquina de yogures! Jajajajaja. Pero bueno, sea como sea, ¿no me digáis que no queda hiper-mega-guay eso de decir “he ido a París de rebajas”?

Por otro lado, esta semana hemos tenido el festival Télérama. Télérama es una revista de cine francesa que anualmente organiza un festival en todos los cines de Francia donde se proyectan las películas que más les han gustado a sus lectores cada año. No esperéis ver pelis de acción ni nada por estilo, eso sí. Así que, como poder ir al cine en Francia por 3 euros sí que son rebajas, hemos aprovechado pero bien hasta hartarnos: cuatro películas en cuatro días, a una por día: Another year, El secreto de sus ojos, Tournée y Des hommes et de dieux. He decir que ninguna de las pellículas me ha llenado especialmente, pero ha merecido la pena de todas formas. Sobre todo el hecho de encontarme a medio equipo docente en el cine. Porque sí, queridos lectores, Compiègne es así: como un pueblo. Así que vas encontrando gente por todas partes: que vas a la piscina, te encuentras a uno de tus alumnos en slip o a una profersora de uno de los colegios; que vas al cine, más de los mismo, sino varios; que coges el bus, corres el riesgo de que varios de tus alumnos te griten un ¡HOLA! por sorpresa; que vas a tomar un té, cómo no, un profesor en el salón de té; que vas a Carrefour, el lunes tendrás a un alumno diciéndote que te vio el sábado comprando yogures y champú. A mi me parece muy entrañable, ¿no?

miércoles, 19 de enero de 2011

Y la pregunta del día es...

¿Acaso podemos cosiderar el comprar una máquina para hacer yogures rebajada de 12 a 6 euros como haber ido de rebajas? Qué tristeza, la mía..

sábado, 15 de enero de 2011

La vuelta

Os escribo desde mi cama, obligado un poco por las circunstancias a hacer un pequeño parón para tomar fuerzas: señoras y señoras, estoy con un buen gripazo. Aclaro que la cama está en Compiègne y no en Madrid; por si algunos no se habían dado cuenta, le entrada anterior era una broma boba que se me ocurrió con motivo de los Santos Inocentes.

Llevo poco más de una semana, pero ya parece que hubiera un pasado siglo desde que decía adiós a mamá y papá desde el aeropuerto de Barajas, después de haber tenido que “cederles en usufructo” un roscón, dos paquete de morcilla, otro de turrón y una bata... (cosas de Ryanair...).

Ya me parece que hubiera pasado un siglo desde mi entrada en Pierre d'Ailly, cargando una pesada maleta o con una extraña sensación de “hogar dulce hogar”; desde el abrazo de bienvenida de Pia, que me esperaba para cenar con un plato de macarrones recién hecho, desde el partido de balonmano de justo después...

Ya me parece que hubiera pasado un siglo desde ese momento el día 6 en el que todos los alumnos de una de las clases de F. Bac me traen un caramelo como regalo de Reyes... desde los días de humor variable, como el cielo de primavera, después de haber vuelto que no me esperaba. Desde ese roscón cociéndose en el horno, con un sabor sorprendentemente rico... Desde el reencuentro con Louise en el Pic, bebiendo Faro...


Ya me parece que hubiera pasado un siglo desde la visita a Lille, una ciudad que me sorprendió para bien, y donde disfrutamos con platos típicos de la zona, como la cassonade (carne cocinada lentamente con azúcar moreno y cerveza), la tarta de maroilles (un queso apestoso que, creedme, tiene un olor nauseabundo, pero al gusto es muy bueno), el chti'ramisu (variante del tiramisú hecha con galletas speculoos, con achicoria en lugar de café y con otro queso diferente al mascarpone) o los merveilleux (sencillamente indescriptibles). Una ciudad que no olvidaré, porque ahora llevo dos recuerdos de ella siempre (o casi) conmigo...

 
Ya me parece que hubiera pasado un siglo desde las crêpes del martes en casa de Louise, seguidas de unas cuantas “chansons d'amour”. Desde esa increíble tarde en Aqualis, llena de gaminerías en la sauna, en el baño turco y en el pozo infernal de agua fría; de largos por la noche en una piscina exterior (de agua caliente, claro), rodeada de bosque e iluminada únicamente con pequeñas lucecitas. De la cena de los asistentes, a la que llegamos una hora tarde... Desde el momento “ooohquebuenoestáelgazpach,queremosmás!” de mis alumnos de español de complemento de Jacques Monod...

Ya me parece que hubiera pasado un siglo desde ayer... ¡y eso que fue ayer!