jueves, 10 de febrero de 2011

Mi vida en Jacques Monod y Ferdinand Bac (I)

Bueno, nunca os he dado algunos detalles sobre mi trabajo aquí. Trabajo en dos centros: collège Jacques Monod y collège Ferdinand Bac. Un collège no es exactamente un colegio en España, sino más bien un instituto, porque en él hay alumnos desde 6ème (11 años) hasta 3ème (15 años), pasando por 5ème y 4ème. En mi caso, solo tengo alumnos de 4ème (3ª de ESO) y 3ème (4ª de ESO). Si echáis la vista atrás en un vuestra propia experiencia, os daréis cuenta de que a priori son probablemente dos de los niveles más petardos que te pueden tocar. En primer lugar, porque están en pleno pavo, con la hormonas revolucionadas y con una incipiente pelusilla sobre el labio superior, lo que muchas veces se traduce en una actitud en clase cuanto menos curiosa. Ya no tienen ese toque de inocencia que pueden tener los de 11 o 12, pero tampoco la “seriedad” de los más mayores, de 16, 17 ó 18. Por otro lado, se trata de niveles iniciales de español, con lo cual la docencia es, si cabe, aun más complicada, no por el contenido (el “Hola, ¿cómo te llamas? Me llamo Pepito y vivo en Compiègne” lo domino), sino porque enseñar a alumnos iniciales requiere ciertas precauciones.

Jacques Monod, en el barrio pijo


Sin embargo, también hay que tener en cuenta que ambos colegios están en el centro de Compiègne, en dos barrios buenos y con familia ricas, que sumado a que ya de por si Compiègne es un sitio un poco “fini” (¿os he hablado del golf?¿y del hipódromo?), lo que haría presuponer que seguramente el tono general de los alumnos (para lo bueno, aunque también para lo malo) no iba a ser el mismo que en una zona económicamente deprimida.

Ferdinand Bac, al lado del Palacio

En fin, al final ni tanto ni tan calvo. Es cierto que hay alumnos con un comportamiento insoportable, y especialmente cuando tu papel no es el de profesor. No obstante, por cada uno de esos, hay 15 alumnos agradables, incluso muy agradables. Tengo incluso a mis preferidos ya. 

Por otro lado, el tema del nivel... pues veamos. Como anécdota sobre el tema, todavía recuerdo que a las pocas semanas de estar aquí, un profesor, muy amable él, al enterarse que era asistente de español, me soltó algo así como “bueno, pues buena suerte, porque los alumnos que hacen español son normalmente los más flojitos, los peores, en comparación con los alumnos que eligen alemán. Debe se una cuestión de la cultura de cada país”. En ese momento me sentó fatal, y aunque Pia estaba delante, le dije que menuda tontería y que es una lástima, porque encuentro el español una lengua bastante más útil que es alemán. Al final, el hombre tenía en parte razón. No en vano, de los cinco alumnos expulsados permanentemente del colegio, cuatro estudiaban español, y el quinto estaba en un nivel en que todavía no se elige tercera lengua, pero como dice mi profe, lo habría elegido. Pero aun así, como os decía, yo aprecio a mis alumnos..

miércoles, 9 de febrero de 2011

Razones para odiar el lugar donde vives: 2 - El agua

¿Por qué cuando me preparo un té se queda en la taza un sospechoso cerco rojizo que en Madrid no aparece, y más teniendo en cuenta que es té verde? ¿Por qué el té está tan turbio? ¿Por hay una una especie de película asquerosa encima de las infusiones?
Prefiero no pensarlo, porque lo que quiera que sea, me lo estoy metiendo todos los días para dentro... En fin, ¡lo que no te mata, te hace más fuerte!

martes, 8 de febrero de 2011

Para los dos aventureros...

Julie, Guillaume; Guillaume Julie:
No sé si llegaréis a leer esto algún día, pero...
Por los paseos por el bosque juntos, por las cervezas del Joe (o de otros sitios), por las cenas multiculturales en casa de Julie, por los largos en la piscina juntos, por las invitaciones a las comidas familiares, por los partidos de balonmano, por nuestros momentos de marus, por vuestros consejos, por el champán en los vestuarios, por los "llego en media hora, me he quedado dormida", por vuestra alegría, por Totoro (con el niño fetichista y la travesti de 8 años), por vuestras amorosas lecciones de francés, por Lille, por Gonzales, por las pulseritas y la chapa, por Chez Mammie, por nuestro "pacse", por los macarons crème caramel beurre salé, por el pollo al curry...  y por tantas otras cosas buenas que hemos pasado juntos... ¡acabáis de iros y ya os echamos de menos! Por tantas cosas buenos nos quedan por pasar juntos, en Colonia, Madrid, Compiègne, o donde sea, ¡hasta pronto!
Solo dos meses, pero intensísimos.
Un beso enorme y muy buen viaje a los dos.
Monsieur Haricot

miércoles, 2 de febrero de 2011

La Chandeleur

El 2 de febrero se celebra en Francia el día de la Chandeleur, una fiesta con multiples orígenes, ya sean religiosos (conmemora la vuelta a su "vida normal " de la Virgen y la presentación de Cristo al Templo y la. En Francia) o pagana (en Roma, era tradicional encender velas para conmemorar a los muertos). No obstante, este día es conocido por ser el día de los crepes, día en el que se prepara y se come con especial gusto este plato.

Existe cierto simbolismo entre esta fecha y los crepes. Para empezar, se dice que los crepes, por su forma redonda y dorada, recuerdan al sol, evocando la vuelta de la primavera tras el invierno frío y sombrío.Por otro lado, es tradicional también hacer saltar los crepes en la sartén con la mano derecha mientras se coge con la mano izquierda una moneda de oro, o una moneda en general, para atraer la prosperidad. La gracia es que el crepe aterrice correctamente en la sartén. También se dice que el primer crepe creado debe guardarse en un armario y así las próximas cosechas serán abundantes. A veces se precisa qu debe ser en la parte de arriba de un armario, y que el crepe es conocido por no ponerse mohoso y alejar la miseria. En esta fiesta, es importante también que todas las velas de la casa estén encendidas (de hecho, Chandeleur viene de la palabra "chandelle", literalmente, candela, vela). Por último, la tradición sugiere que no debe guardarse el Belén hasta esta fecha, por ser la última del ciclo de las fiestas de Navidad. ¿Interesante, no?

Nosotros hemos aprovechado para preparar unos cuantos hoy. ¡Y lo mejor de todo es que he conseguido darlos la vuelta según indica la tradición!

Os paso una receta por si os animáis a hacerlos:

250 gramos de harina de trigo
3 huevos
un vaso de leche
un vaso de agua
un par de cucharadas de aceite de oliva
una pizca de sal

Mezclar todos los ingredientes en un bol con una varilla, prestando atención para no hacer grumos. Dejar reposar una hora en el frigo. Pasado este tiempo, engrasar una sarten con aceite, y cuando esté bien caliente, con ayuda de un cucharón, verter una cantidad suficiente para cubrir el fondo de la sartén. Cuando se empiece a despegar, coger de un extremo con los dedos, y darle la vuelta hasta dorar ligeramente.

Normalmente, este tipo de crepes se usa más bien para tomar con dulce; para los salados aquí es más típico usar la harina de alforfón o sarraceno, obtiendo unas pasta más oscura y con un gusto más intenso. Pero no os preocupéis, que los que seáis más de salao, podéis comer tranquilamente los crepes de trigo rellenos con un poco de tomate, jamón, champinones y queso, o un poco de salmón, o queso de cabra, aguacate y tomate...

Bon appétit!