Bueno, nunca os he dado algunos detalles sobre mi trabajo aquí. Trabajo en dos centros: collège Jacques Monod y collège Ferdinand Bac. Un collège no es exactamente un colegio en España, sino más bien un instituto, porque en él hay alumnos desde 6ème (11 años) hasta 3ème (15 años), pasando por 5ème y 4ème. En mi caso, solo tengo alumnos de 4ème (3ª de ESO) y 3ème (4ª de ESO). Si echáis la vista atrás en un vuestra propia experiencia, os daréis cuenta de que a priori son probablemente dos de los niveles más petardos que te pueden tocar. En primer lugar, porque están en pleno pavo, con la hormonas revolucionadas y con una incipiente pelusilla sobre el labio superior, lo que muchas veces se traduce en una actitud en clase cuanto menos curiosa. Ya no tienen ese toque de inocencia que pueden tener los de 11 o 12, pero tampoco la “seriedad” de los más mayores, de 16, 17 ó 18. Por otro lado, se trata de niveles iniciales de español, con lo cual la docencia es, si cabe, aun más complicada, no por el contenido (el “Hola, ¿cómo te llamas? Me llamo Pepito y vivo en Compiègne” lo domino), sino porque enseñar a alumnos iniciales requiere ciertas precauciones.
| Jacques Monod, en el barrio pijo |
Sin embargo, también hay que tener en cuenta que ambos colegios están en el centro de Compiègne, en dos barrios buenos y con familia ricas, que sumado a que ya de por si Compiègne es un sitio un poco “fini” (¿os he hablado del golf?¿y del hipódromo?), lo que haría presuponer que seguramente el tono general de los alumnos (para lo bueno, aunque también para lo malo) no iba a ser el mismo que en una zona económicamente deprimida.
| Ferdinand Bac, al lado del Palacio |
En fin, al final ni tanto ni tan calvo. Es cierto que hay alumnos con un comportamiento insoportable, y especialmente cuando tu papel no es el de profesor. No obstante, por cada uno de esos, hay 15 alumnos agradables, incluso muy agradables. Tengo incluso a mis preferidos ya.
Por otro lado, el tema del nivel... pues veamos. Como anécdota sobre el tema, todavía recuerdo que a las pocas semanas de estar aquí, un profesor, muy amable él, al enterarse que era asistente de español, me soltó algo así como “bueno, pues buena suerte, porque los alumnos que hacen español son normalmente los más flojitos, los peores, en comparación con los alumnos que eligen alemán. Debe se una cuestión de la cultura de cada país”. En ese momento me sentó fatal, y aunque Pia estaba delante, le dije que menuda tontería y que es una lástima, porque encuentro el español una lengua bastante más útil que es alemán. Al final, el hombre tenía en parte razón. No en vano, de los cinco alumnos expulsados permanentemente del colegio, cuatro estudiaban español, y el quinto estaba en un nivel en que todavía no se elige tercera lengua, pero como dice mi profe, lo habría elegido. Pero aun así, como os decía, yo aprecio a mis alumnos..
Estos franceses.....
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